ESCRITORIO EN OBRAS

13 septiembre 2009

La magnética necesidad de una foto

Archivado en: Fotografía — Etiquetas: , — Adrián Gómez @ 16:07

Hay momentos en los que avanzas por las calles de Londres y, de repente, te dices: “Joder, tengo que inmortalizar esto“. Y es que Inmortalizar tiene un significado mucho más profundo de lo que uno se pueda imaginar. Significa que un pedacito de la gran inmensidad de la urbe londinense te lo quieres guardar para ti. Para tu colección visual. Y no te bastan las aburridas fotos-postal de siempre. No, tú has encontrado algo especial de improviso por la calle, y no quieres que eso quede como una simple anécdota.

Sé que eso sucede en cualquier lugar del mundo, pero en Londres se une la variable de lo Imprevisible. Por ello, uno de mis lemas es: “En Londres hay que tener siempre la cámara a mano, de lo contrario dicho momento se perderá en el tiempo como lágrimas en…” bueno, y lo que sigue. He aquí tres momentos de tres personas anónimas (bueno, una de ellas es mi hermano) cuando sufrieron esa atracción magnética por su cámara de fotos:

Adivinen cómo sonará el timbre de esta casa

En el Carnaval de Notting Hill

Tengo ese mismo oso sobre la colcha de mi cama

Respectivamente: una de las casas de Benny Hill en Southwark, junto a Hyde Park; el Carnaval de Notting Hill; una tienda de souvenirs en Piccadilly Circus.

Doritos: “Identify this mistery flavour”

Archivado en: Lóbulo anterior — Etiquetas: , — Adrián Gómez @ 00:56

Ayer me compré esta bolsa de Doritos en una tienda:

Nunca me habéis gustado Doritos.

Luego me di cuenta de que su sabor era desconocido. “Identify this mystery flavour” decía. Y había que meterse a una página para decir cuál era ese nuevo sabor (a la que, por cierto, no me voy a meter). Pues bien, yo creo que ese misterioso sabor es una mezcla entre vómito, guindilla y heces equinas. Gracias Doritos por descubrirnos sabores tan desagradables. Y Gracias Jotaká y tus malditas grajeas de Harry Potter, por darles ideas.

No sé si a España han llegado ya, pero por dios, que se queden en Londres hasta que desaparezcan.

9 septiembre 2009

Captando el momento (junto al Támesis)

Archivado en: Fotografía — Etiquetas: , — Adrián Gómez @ 21:13

Creo que un apartado del dogma de la buena fotografía rezaba: captar el momento. Que consiste en paralizar la realidad en un momento que, al ojo humano, pudiera serle imperceptible. He aquí mi aportación:

¡Las ratas del aire!

Foto hecha en Richmond. Tengo que hablar de mi viajecito a Richmond, por cierto. Y a Greenwich. Y a Hampstead. Y a Brighton.

Pero otro día. Que vale ya de tanta letra.

8 septiembre 2009

7 septiembre 2009

Cuándo leer un libro con un mapa

Archivado en: Lóbulo anterior — Etiquetas: , — Adrián Gómez @ 02:30

Como he comentado varias veces a lo largo (y ancho) de mis entradas en este diario-blog (en teoría) no egocéntrico, combino mi estancia en Londres con la lectura sistemática de los breves, pero endiabladamente entretenidos, capítulos de la grandísima novela Oliver Twist de Charles Dickens. Y me he dado cuenta que con ella he vuelto a realizar una actividad que no practicaba desde mi lectura de 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne.

Como todo niño aficionado a la lectura, cuando se alcanza, más o menos, la edad de 12 años, se descubre un maravilloso mundo descrito por el ya nombrado Julio Verne. Este señor se dedicó a escribir una serie de novelas de género de aventuras con un léxico tan sencillo y ameno que se convirtió en el apropiado y preferido de los niños de esa edad, creando una moda que nunca se desvanecerá. Pues bien, yo atravesé también esa etapa y no pocos libros de Verne pasaron por mis manos. Entre ellos, 20.000 leguas de viaje submarino.

En este libro, ya en su segunda página se pueden leer párrafos como éste:

En efecto, el 20 de julio de 1866 el vapor Governor Higginson, de la Compañía de navegación a vapor, que hacía la travesía de Calcuta a Burnach, encontró al objeto flotante unas cinco millas al este de las costas de Australia“.

Es de suponer que un niño de 12 años difícilmente conocerá dónde está Calcuta, y mucho menos Burnach (que parece más el nombre de un whisky escocés). Y como esta serie de nombres y emplazamientos geográficos están repartidos a lo largo de toda la novela, en un momento equis, el joven lector contempla como mejor opción la adquisición de atlas mundial de entre los libros grandes y gordos de la biblioteca del salón de estar. Y éste es precisamente el momento en el que se empieza a disfrutar de 20.000 leguas de viaje submarino. Yo mismo tracé con lápiz en mi Atlas de Salvat el recorrido que iba realizando el Nautilus a través del Pacífico y el Atlántico, señalando algunas paradas como Madagascar o la Tierra de Fuego, conociendo así el mundo y trasladándome de forma involuntaria a una realidad alternativa en la que yo era uno más en la tripulación.

Y ésa es la forma en la que ha de leerse 20.000 leguas de viaje submarino: con un mapa al lado. Y la mayoría de obras de Julio Verne.

Pues bien, tal y como he comenzado esta nueva, pero ordenada, divagación, ahora el libro que ocupa un espacio especial en mi mochila no es otro que Oliver Twist y, como ya habréis supuesto, lo estoy leyendo con un mapa al lado. En esta ocasión no es el Atlas grande y gordo de Salvat, pues habría sido muy molesto llevarlo en la mochila, sino un plano desplegable del Londres actual. Sirva un párrafo del Capítulo XXVI del libro para comprender su necesidad:

No muy lejos, donde se cruzan Snow Hill y Holborn Hill, a la derecha según se sale de la ciudad, se abre una estrecha y lúgubre callejuela que conduce a Saffron Hill. En sus pestilentes tiendas se exponen a la venta enormes montones de pañuelos de seda de segunda mano y de todos los tamaños, colores y dibujos, pues es aquí donde se asientan los mercachifles que se compran los rateros“.

Y de nombres de calles y descripciones de las mismas se encuentra el libro lleno. Es por eso por lo que he retomado la actividad que abandone tras completar la lectura de la novela de Verne: acompañar a la misma con un mapa. Sin embargo, en esta ocasión, no realizo ninguna línea con el lápiz, puesto que en esta ocasión el viaje no es lineal. En esta ocasión voy más allá y realizo visitas esporádicas a los lugares descritos por Dickens. Por lo que mi traslación a la realidad alternativa ya comentada la hago en tres dimensiones y en Technicolor. Y me imagino al Lince, a Bates y a Oliver corriendo de arriba abajo, a Fagin cojeando con su mirada de desconfianza y a Sikes con su gabardina controlando sus oscuros negocios. Todo con la ayuda de mi mapa y de mi tarjeta bus.

Como en los viejos tiempos.

5 septiembre 2009

“District 9″ y otras reflexiones

Archivado en: Artículos — Etiquetas: , , , — Adrián Gómez @ 02:06

Hoy he ido, habiéndolo planificado previamente, al estreno de District 9, la película del ex desconocido Neill Blomkamp, apadrinada por Peter Jackson, en Leicester Square, Londres. Y con esta película querría resucitar mi primogénito blog, Nueve-Artes, el cual está enlazado en su propio nombre, y que lleva en coma desde un lejano 4 de mayo.

Prueba de que el cine en Londres es caro.

Prueba de que el cine en Londres es caro.

Esta entrada ha acabado en mis manos a eso de las 18.30, precedida de dieciocho horas, más o menos, y seguida de otras seis o siete. Para los que quieran conocer solamente el intervalo entre las 19.30 y las 22.00 (tiempo de la película), pueden darse el gustazo en la reseña District 9 de Nueve-Artes. Para los que quieran completar la misma con un poquito de egocentrismo bloguero, pueden seguir leyendo estas líneas.

No suelo hablar de mi vida personal (la cual, contra pronóstico, tengo) pero este Día-D (por lo de D-9: que no sé por qué no han utilizado esta tontería para su promoción) merece una plasmación en letra en forma de relato breve sobre un día rutinario, cuyo paréntesis más relevante viene firmado por Neill Blomkamp (la repetición constante de su nombre hará que, definitivamente, deje de ser anónimo). Y que comenzaré con: me levantaba a las 07.00 a.m. después de cinco horas de sueño en mi apartamento de Park Road, dispuesto para comenzar un día de trabajo en el hotel.

Al trabajar por la mañana, la rutina suele llevar este horario: limpiar, preparas las mesas, llevar algunos desayunos a las habitaciones, preparar unos cuantos cafés y capuccinos (con alguno para mí de regalo), fregar los platos, dejar cestas de frutas a la gente que por apellido lleva VIP, atender a la gente que llega a comer, y un etcétera de quehaceres menos importantes. Llegadas las cuatro de la tarde, mi trabajo termina y dejo el turno a mi relevo. Momento que aprovecho para pagar religiosamente mi alquiler a la persona que, desinteresadamente, recoge la cifra que yo aporto, e ir a mi casa a chequear el mail (he aquí dos anglicismos que difícilmente podré quitar de mi vocabulario).

Una vez realizada la sucesión de visitas web que han de hacerse cada día, abandono mi humilde hogar para coger el autobús 13 en dirección a Leicester Square. Allí me esperan cinco salas de cine que rodean a la susodicha plaza, entre las cuales una alberga District 9 de Neill Blomkamp (el nombre ya empieza a ser más familiar). Es bastante fácil de reconocer por la cantidad de carteles que decoran su fachada así como de los colocados a ambos lados de las taquilla. He aquí una fotografía de los posicionados en su interior…

"District 9": sólo para humanos

…que tanto ha impregnado las calles de algunas ciudades: en cabinas telefónicas, marquesinas, autobuses, y cines, entre otros. Y que tantos quebraderos de cabeza les ha dado a los yanquis cuando creyeron que iban a invadirles los extraterrestres. Robbie Williams gritándole a todo el mundo: “¡Lo veis! ¡Lo sabía!” para nada. En fin, una decepción más para el pueblo yanqui.

Luego me he metido a ver D-9 (si queréis saber más).

Y luego ya me he salido y me ido a un bar árabe que está pared con pared con mi casa (con la que he empezado este extraño relato breve). Allí me he tomado un par de tés (“té” bebida, no “te” letra, que sería más raro) mientras leía Oliver Twist y luego me he venido a contar todas mis tonterías.

Recordádme que os hable de Chicago: El Musical que tampoco estuvo nada mal.

29 agosto 2009

El Támesis y una extraña metáfora visual

Archivado en: Fotografía — Etiquetas: , — Adrián Gómez @ 01:35
...aunque no sé exáctamente cuál es la metáfora.

...aunque no sé exáctamente cuál es la metáfora.

27 agosto 2009

25 agosto 2009

St. James: a cuerpo de rey

Archivado en: Artículos — Etiquetas: , , , — Adrián Gómez @ 03:05

[Modo de empleo: leer el texto, y cuando se vea la siguiente nota [Ver D.001], acudir a la diapositiva número 1. Como ésa es con la que comienza, comenzaré con la D.002].

Hace unos días, no tenía nada mejor que hacer, ni gozaba de mucho tiempo para hacer algo mejor, y me fui a dar una vuelta por St. James. St. James es el barrio de Londres que hay entre el Buckingham Palace y Trafalgar Square. Y contiene el propio Palacio de Buckingham, donde duerme la Reina de Inglaterra (God save the queen), el Green Park y el St. James Park, el segundo mejor que el primero, y un montón de palacios y casas de gente rica, entre las que se encuentran varias viviendas de familiares de la mencionada reina. En un momento clave del recorrido explicaré cuál es la mejor manera de practicar el republicanismo en este barrio.

Es decir, es el barrio (uno de ellos) de la realeza inglesa. Como ya he dicho, lo primero que resalta de este vecindario, es el Buckingham Palace [Ver D.002], que aunque es una visita obligada de muchos turistas, yo le sigo sin ver la gracia. Es más bien una gran pared gris con una bandera en medio y un montón de policías y cámaras de seguridad dando vueltas. Lo curioso es que, no sé si fue una ilusión, pero me pareció ver a la Reina de Inglaterra [Ver D.003]. La bandera estaba alta, lo que significa que la reina andaba por ahí dentro, aunque no parecen sus ropas típicas.

Lo realmente bonito de este palacete es la plaza de enfrente, donde todos los turistas se posan como las palomas en la Plaza del Pilar [Ver D.004], y una señora te amenaza con un león y una guadaña [Ver D.005]. Antes de poner una foto de la Reina Victoria, con su cara de mala leche, pongo a la mujer del león, que me gusta más. Y además, justo desde debajo de esta figura, los turistas se amontonan unos encima de otros para hace LA foto del Palacio de Buckingham. Que es algo así [Ver D.006] y además se ahorran unas libras en postales. Y ya saliendo de la Casa de Isabel para entrar al barrio real propiamente dicho, te da la bienvenida esta escultura [Ver D.007] que considero una buena metáfora de hacia donde te vas a adentrar: un montón de gente que te mira desafiante desde arriba, con una vida tan divertida como la de la propia escultura, y un alma hecha del mismo material.

Y se llega así a Clarence House [Ver D.008], que es donde vive el Príncipe Carlos después de gastarse 4,6 millones del dinero de los contribuyentes. Sin escrúpulos. Está escondida detrás de un montón de copas de árboles, un muro muy alto y unos señores policías que dan patadas al suelo cuando andan. La casa bonita, bonita, no es. Parece más un ayuntamiento, y no creo que vivir ahí dentro deba de ser cómodo. Prácticamente haces senderismo para ir de un sitio a otro.

El caso es que al lado está la casa que más gracia me hace: St. James Palace [Ver D.009] donde, al parecer, vive una tal princesa Ana, hermana de Carlos. Y ahí sobran habitaciones por cojones. Bueno, si esta casa me hace gracia es porque en la guía que me compré dicen de ella: “Conviene no acercarse demasiado a la puerta por si manda [Ana] a un lacayo a decirle a uno que se vaya al cuerno”. Es decir, que prácticamente incita a uno a acercarse demasiado para conocer a ese tan simpático lacayo. Pero lo mejor es que en la calle de atrás de esta casa descubrí un timbre [Ver D.010], que da a esta casa. Si tu intentas buscar el timbre de Clarence House o de Buckingham Palace, ya te digo que no lo encontrarás. Antes tendrás que pasar una aduana donde reside un señor 24 horas. Pero en la Casa de Ana no tienen aduana, tienen timbre. Y con la pinta de mala leche que tiene la susodicha princesa, si alguien se siente muy republicano, puede rebelarse contra la Monarquía, apretar el timbre y largarse corriendo. Seguro que los Sex Pistols lo han hecho alguna vez.

Ya detrás está el barrio de St. James de los plebeyos. De los plebeyos ricos, todo hay que decirlo. Que restaurantes como éste [Ver D.011] no son para todos los bolsillos. Y lo que más llama la atención de este barrio son los cochazos que hay aparcados o circulando por la calle, desde Maseratis como éste [Ver D.012] hasta limusinas como esta otra [Ver D.013]. Aunque si uno investiga y callejea un poco más, podrá ver coches como éste [Ver D.014] que realmente me parecen más prácticos, y al que le hice la foto prácticamente corriendo, de ahí su calidad.

Antes de salir de tanto derroche de pedantería y consumismo, me di cuenta, de que hay algunas referencias a España que, aisladas, no tendrían importancia, pero que al encontrártelas todas de vez, pues como que te llama la atención. Desde esto [Ver D.015], a este tío [Ver D.016], que yo no entiendo mucho pero juraría que es él (cuadro horrible, por otra parte), pasando por esto otro [Ver D.017], donde dicen que es deliciosa. Será que no la han visto.

Y con tanto España en la cabeza no tuve más remedio que acabar cenando aquí [Ver D.018]. Que vale, muy español no parece, pero es un restaurante mexicano de puta madre. Donde me metí entre pecho y espalda una Budweiser de barril y un chili con carne que todavía lo saboreo. Y todo esto rodeado de Tecate [Ver D.019], de matrículas [Ver D.020], y de chicas muy guapas, aunque no eran mexicanas. De ellas no tengo foto, me parecía un poco pervertido.

Y despidiendo el día al más puro estilo Terminator [Ver D.021], acabé de ir de la realeza inglesa a la realeza mexicana.

22 agosto 2009

He volado 26.290,128 kilómetros

Archivado en: Lóbulo anterior — Etiquetas: , , — Adrián Gómez @ 06:07

Existe una aplicación de Google que sirve para medir la distancia entre sitios. Es muy sencillo de utilizar: pulsas sobre un lugar X, buscas en el mapa un lugar Y, y te dice la distancia en millas, millas náuticas o kilómetros que hay entre X e Y. Luego puedes buscar Z y A, y buscar la distancia que hay entre Z y A sin que se elimine la distancia entre X e Y, por lo que se van sumando todas las distancias que selecciones.

Así es como he averiguado que he volado, en avión, contando idas y vueltas, 26.290,128 kilómetros.

Mis viajes en avión

Aunque no haya salido de Europa (salvo Túnez, pero como si no), si todo lo que he volado lo hubiese volado de seguido, podría haber dado media vuelta a la Tierra por el ecuador. No es mucho, pero ya iré sumando.

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