[Modo de empleo: leer el texto, y cuando se vea la siguiente nota [Ver D.001], acudir a la diapositiva número 1. Como ésa es con la que comienza, comenzaré con la D.002].
Hace unos días, no tenía nada mejor que hacer, ni gozaba de mucho tiempo para hacer algo mejor, y me fui a dar una vuelta por St. James. St. James es el barrio de Londres que hay entre el Buckingham Palace y Trafalgar Square. Y contiene el propio Palacio de Buckingham, donde duerme la Reina de Inglaterra (God save the queen), el Green Park y el St. James Park, el segundo mejor que el primero, y un montón de palacios y casas de gente rica, entre las que se encuentran varias viviendas de familiares de la mencionada reina. En un momento clave del recorrido explicaré cuál es la mejor manera de practicar el republicanismo en este barrio.
Es decir, es el barrio (uno de ellos) de la realeza inglesa. Como ya he dicho, lo primero que resalta de este vecindario, es el Buckingham Palace [Ver D.002], que aunque es una visita obligada de muchos turistas, yo le sigo sin ver la gracia. Es más bien una gran pared gris con una bandera en medio y un montón de policías y cámaras de seguridad dando vueltas. Lo curioso es que, no sé si fue una ilusión, pero me pareció ver a la Reina de Inglaterra [Ver D.003]. La bandera estaba alta, lo que significa que la reina andaba por ahí dentro, aunque no parecen sus ropas típicas.
Lo realmente bonito de este palacete es la plaza de enfrente, donde todos los turistas se posan como las palomas en la Plaza del Pilar [Ver D.004], y una señora te amenaza con un león y una guadaña [Ver D.005]. Antes de poner una foto de la Reina Victoria, con su cara de mala leche, pongo a la mujer del león, que me gusta más. Y además, justo desde debajo de esta figura, los turistas se amontonan unos encima de otros para hace LA foto del Palacio de Buckingham. Que es algo así [Ver D.006] y además se ahorran unas libras en postales. Y ya saliendo de la Casa de Isabel para entrar al barrio real propiamente dicho, te da la bienvenida esta escultura [Ver D.007] que considero una buena metáfora de hacia donde te vas a adentrar: un montón de gente que te mira desafiante desde arriba, con una vida tan divertida como la de la propia escultura, y un alma hecha del mismo material.
Y se llega así a Clarence House [Ver D.008], que es donde vive el Príncipe Carlos después de gastarse 4,6 millones del dinero de los contribuyentes. Sin escrúpulos. Está escondida detrás de un montón de copas de árboles, un muro muy alto y unos señores policías que dan patadas al suelo cuando andan. La casa bonita, bonita, no es. Parece más un ayuntamiento, y no creo que vivir ahí dentro deba de ser cómodo. Prácticamente haces senderismo para ir de un sitio a otro.
El caso es que al lado está la casa que más gracia me hace: St. James Palace [Ver D.009] donde, al parecer, vive una tal princesa Ana, hermana de Carlos. Y ahí sobran habitaciones por cojones. Bueno, si esta casa me hace gracia es porque en la guía que me compré dicen de ella: “Conviene no acercarse demasiado a la puerta por si manda [Ana] a un lacayo a decirle a uno que se vaya al cuerno”. Es decir, que prácticamente incita a uno a acercarse demasiado para conocer a ese tan simpático lacayo. Pero lo mejor es que en la calle de atrás de esta casa descubrí un timbre [Ver D.010], que da a esta casa. Si tu intentas buscar el timbre de Clarence House o de Buckingham Palace, ya te digo que no lo encontrarás. Antes tendrás que pasar una aduana donde reside un señor 24 horas. Pero en la Casa de Ana no tienen aduana, tienen timbre. Y con la pinta de mala leche que tiene la susodicha princesa, si alguien se siente muy republicano, puede rebelarse contra la Monarquía, apretar el timbre y largarse corriendo. Seguro que los Sex Pistols lo han hecho alguna vez.
Ya detrás está el barrio de St. James de los plebeyos. De los plebeyos ricos, todo hay que decirlo. Que restaurantes como éste [Ver D.011] no son para todos los bolsillos. Y lo que más llama la atención de este barrio son los cochazos que hay aparcados o circulando por la calle, desde Maseratis como éste [Ver D.012] hasta limusinas como esta otra [Ver D.013]. Aunque si uno investiga y callejea un poco más, podrá ver coches como éste [Ver D.014] que realmente me parecen más prácticos, y al que le hice la foto prácticamente corriendo, de ahí su calidad.
Antes de salir de tanto derroche de pedantería y consumismo, me di cuenta, de que hay algunas referencias a España que, aisladas, no tendrían importancia, pero que al encontrártelas todas de vez, pues como que te llama la atención. Desde esto [Ver D.015], a este tío [Ver D.016], que yo no entiendo mucho pero juraría que es él (cuadro horrible, por otra parte), pasando por esto otro [Ver D.017], donde dicen que es deliciosa. Será que no la han visto.
Y con tanto España en la cabeza no tuve más remedio que acabar cenando aquí [Ver D.018]. Que vale, muy español no parece, pero es un restaurante mexicano de puta madre. Donde me metí entre pecho y espalda una Budweiser de barril y un chili con carne que todavía lo saboreo. Y todo esto rodeado de Tecate [Ver D.019], de matrículas [Ver D.020], y de chicas muy guapas, aunque no eran mexicanas. De ellas no tengo foto, me parecía un poco pervertido.
Y despidiendo el día al más puro estilo Terminator [Ver D.021], acabé de ir de la realeza inglesa a la realeza mexicana.