MMIX Festival Anual de Fanáticos Bíblicos
La Semana Santa me resulta interesante. Millones de personas se ponen de acuerdo para representar escenas de un libro que cuenta con innumerables seguidores alrededor del mundo. Si todos los años, un grupo de personas se pusiesen de acuerdo para representar Drácula de Bram Stoker o la Odisea de Homero, las tacharían de freaks, o raros. Sin embargo, todos los fanáticos bíblicos se disfrazan y cantan, y la gente no sólo no les repudia, sino que van a verles y a aplaudirles. Y eso me gusta.
La Biblia es un libro de puta madre, tanto como El señor de los anillos o Los hijos del Capitán Grant, y se merece que sea tan querido. Pero me pregunto qué tiene tan afamado libro para que no le salpiquen las críticas habituales que les llueven a los que se disfrazan de elfos, de vulcanianos, o de jedis. Di que cuenta con todas las simpatías del universo místico-religioso que le rodea, pero aun así, por sí mismo también podría haber sobrevivido.
La Biblia es el libro con la mejor campaña publicitaria de la historia. Desde su más ancestral creación, sus escritores se pusieron de acuerdo para hacer lo que, siglos después, se consideraría innovación. Aquello que se probó con Holocausto caníbal o El proyecto de la Bruja de Blair, o en el campo radiofónico con La Guerra de los Mundos de Orson Welles, tiene su mayor infuencia en La Biblia, cuyo éxito reside en su campaña publicitaria y en su capacidad de convicción de que todo cuanto era escrito existió realmente.

"El Jardín de las Delicias 2"
No quiero ponerme a hacer un discurso panfletario de las creencias religiosas referentes a La Biblia, pero, tratando de ponernos en situación, ese magnífico boca-oreja que se creó no dista mucho del que se creó con El proyecto de la Bruja de Blair. El público se dividió en dos bandos: unos aseguraban su vericidad y otros la acusaban de patochada. Pero algo está claro: creó tendencia. Esto de la rivalidad entre ficción y realidad (algo que le gusta mucho a un profesor y amigo mío) es algo que existe desde la prehistoria y, pasando por el fanatismo bíblico, que no religioso, y hasta la actualidad, es algo que, sinceramente, me inquieta. Y admiro.
Ahora veo gente disfrazada por la calle, con sus capirotes y sus tambores, reviviendo una escena clave en La Biblia, y no veo mucha diferencia entre eso y los que se reunirán disfrazados de hobbits ante el estreno de su película homónima. Me pregunto cuánto tendrá que pasar para que un libro traiga tanta cola como La Biblia o la Odisea.
Puestos a elegir, espero que el próximo libro místico que se alce como algo que sucumba la diferencia entre ficción y realidad no tenga tantas mutilaciones, torturas y masacres.