Ha acabado ese mes que recibes con ganas pero del cual acabas “agostado” físicamente, entre otras cosas, por el calor agobiante que parece disiparse cuando pasas la página del calendario de pared.
Lo malo es que algo muy característico de este nuevo mes, que se enfrentó en su día a la RAE y dijo que le sobraba la “p”, es que suele ser el comienzo de un montón de cosas. Y generalmente malas. Es cuando tratas de cumplir todos esos objetivos que querías cumplir el 1 de enero pero que has ido retrasando poco a poco hasta hoy y que acabarás retrasando otra vez hasta el próximo Año Nuevo. Pero hoy es el punto de inflexión principal en el que te das cuenta de todo lo que no has hecho. Algo que para nada te deprime porque sabes que comienza un nuevo año lectivo y con él todo un mundo de expectativas por cumplir: gimnasio, carnet de conducir, estudiar más, trabajar más, leer más, leer, aprender a cocinar, aprender inglés, aprender a tocar cualquier instrumento, comprarse una mascota… y un sinfín de cosas que, después de ser apuntadas en esa nueva agenda comprada con una sonrisa en la librería más cara, acaban por olvidarse tras un montón de esquinitas rotas de una agenda más bien sin rellenar.
El caso es que es 1 de septiembre y comienza, otra vez, el nuevo año. Los niños vuelven a embutirse en sus uniformes y a comprarse los libros que les acabarán por dejar chepa, los trabajadores vuelven a poner en hora esos chismes con botones que durante el verano llamaron “relojes” pero ahora vuelven a ser bautizados con el horrible nombre de “despertadores”, las empresas de chorradas por fascículos regresan con nuevas e inesperadas sorpresas y nuestros programas favoritos de la tele ya han comenzado sus nuevas temporadas.
Creo que no hay mejor momento para dar por iniciado esta nueva temporada del blog para el que tengo un montón de nuevas sorpresas y expectativas de las cuales no voy a cumplir ninguna.
Un saludo a todos. El sol se va otra vez al hemisferio sur.










