ESCRITORIO EN OBRAS

29 diciembre 2009

Cuentos Navideños: “Turrón Agridulce”

Archivado en: Literatura — Etiquetas: , — Adrián Gómez @ 04:55

En esta época en la que hasta Ana Botella se anima a escribir cuentos, yo me apunto con uno cortito:

Turrón Agridulce

Venancio acababa de recibir su cesta de Navidad. Por aquello de la crisis que azotaba el país, el jefe se había visto en la necesidad de utilizar productos de baja calidad. Había comprado el jamón en Galerías Primero, las tabletas de chocolate en el Sabeco y había robado algunas castañas de los puestos del Paseo Independencia. Pero no había encontrado ninguna tienda en la que pudiera comprar turrones a muy bajo precio.

En el último momento, el jefe de Venancio encontró una turronería que estaba en un callejón de La Jota. Estaba con la persiana bajada y no parecía haber nadie dentro, pero cuando ya estaba a punto de irse una ajada anciana se asomó por una ventana que se encontraba arriba y gritó: “¡¿Quién anda ahí?!“. Cuando el jefe de Venancio le explicó el problema, ella le dijo que tenía la solución para él. Le regaló un veintena de turrones con la condición de que debían comerse poco a poco y nunca todo en un día, porque podría ser peligroso.

Ahora Venancio, con su cesta de Navidad en casa, sólo tenía que enseñarle la cesta a su familia para que vieran que era un trabajador afortunado con un jefe que le tenía en alta estima. Fue entonces cuando la familia vio el turrón y quiso abrirlo para comérselo y celebrar la llegada de tan esperada cesta. Sin embargo, Venancio recordaba las palabras de su jefe: “Come este turrón poco a poco, y nunca todo en un día“. Pero cuando quiso advertir a su familia, el papel ya estaba en el suelo y las migas de chocolate ya decoraban la cara de los hijos y la esposa. Se habían convertido en unos zombies de turrón.

Comenzaron a devorar todo el turrón que encontraron a su paso. Bajaron al Galerías Primero y al Sabeco a por más turrón. Lamían los envoltorios y se comían el Cola Cao a cucharadas porque se parecía en sabor. Venancio fue corriendo a buscar a la ajada anciana para ver si conocía la cura, pero sólo obtuvo por respuesta: “Seguirán devorando turrón hasta que den las doce de la noche del 11 de enero“.

Basado en terroríficos hechos reales.

17 julio 2009

Un nuevo amanecer III

Archivado en: Literatura — Etiquetas: , , — Adrián Gómez @ 12:59

Diario exagerado de un joven de vacaciones
Parte III: Desenlace

¿Qué es lo que hemos aprendido con todo esto? Que si en verano no haces nada, te aplatanas. La creencia de que el periodo estival es sinónimo de no-hacer-nada, leyenda infundada tras los periodos de verano durante la época escolar, es tan falsa como perjudicial.

Ya durante primaria, padres y profesores trataron de desmentir esta creencia con los cuadernos de verano Santillana. Sin embargo, el 90% de los niños preferían ir a la piscina y a comer helados y dichos cuadernos sólo eran completados hasta la tercera o cuarta página. Por lo que parece que, ahora, padres y profesores han desistido y estos cuadernos van pasando paulatinamente a mejor vida. De todas formas, mientras esto ocurra durante Primaria y algunos cursos de la ESO no pasa absolutamente nada. No hay indicios de que algún niño se haya vuelto tonto por no terminar un cuaderno Santillana.

Ahora bien, una vez que este tipo de comportamiento se extiende hasta Bachillerato e incluso al periodo universatorio entramos en una peligrosa crisis de tiempo-perdido. Así que a modo de moraleja: la hormiga trabajó todo el invierno para conseguir comida, y luego la cigarra se comió a la hormiga y a la comida de la hormiga. Es decir, trabaja, amuermao, o acabarás comiendo hormigas.

Tercera y última de tres partes de un sentimiento global conocido como “Jet Lag vacacional“, porque los horarios cambian por completo, salvo para los que curran.

13 julio 2009

Un nuevo amanecer II

Archivado en: Literatura — Etiquetas: , , — Adrián Gómez @ 19:10

Diario exagerado de un joven de vacaciones
Parte II: Nudo (con su clímax y su anticlímax)

Bueno, he vuelto a la rutina vacacional. Se resume básicamente en ver series por SeriesYonkis, actualizarme en estrenos descargados (de forma completamente legal equisdé), embeberme en la lectura de libros seleccionados previamente y emplear mi tiempo en trabajos sin cobrar a jornada variada. Lo que se dice seguir el ejemplo de El Nota, pero sin albornoz, sin alfombra y sin Tara Reid.

Ahora mismo me encuentro, a parte de escribiendo esto, viendo capítulos de la nueva temporada de Padre de Familia mientras admiro una tormenta eléctrica desde mi ventana. Que tienen muy buena pinta, por cierto. Las dos cosas. Y, haciendo alarde de mi tan famosa valentía, he dejado el ordenador encendido. Con todos los rayos y truenos impactando en los dioses sabrán dónde allá arriba, mi ordenador, aquí abajo, les hace frente con un cúmulo de cables enchufados a un no menos numeroso número de enchufes, valgan las redundancias. Y yo sigo a lo mío, y los dioses a lo suyo.

Algunos días después…

Sin novedad en el frente. Ni a los lados.

Más días después…

Me voy a Túnez. Alejado de Internet. No sé si sobreviviré.

Ya la última elipsis temporal…

Ya he regresado de Túnez. Como país tiene sus puntos negativos y sus puntos positivos. Como todos, imagino. Pero el viajar en viaje organizado sólo tiene putos puntos negativos: imagínese ser un cordero que, inconsciente de todo acto, sigue a un montón de corderos hacia un lugar indeterminado, mirando cosas indeterminadas y siendo ignorado, o peor aún, observado cual manatí en la Gran Vía, por toda indeterminada persona; imagínese ahora que ese cordero sí es consciente de todo acto, pero no puede cambiarlos, simplemente actúa como un animal desalmado, con un cerebro encerrado que ve la salida, pero no puede salir. Eso es viajar en un viaje organizado. Te llevan como si fueras por un puto zoo en una excursión del colegio.

Por todo lo demás, hay que alabar la cultura tunecina por varias razones: su culto al fuego como manjar divino y centro de rituales; su devoción generalizada por la motocicleta: todo el mundo tenía una, y tanto iba uno sin casco y sin manos, como cinco en una misma, sin accidentes ni tonterías legales; su devoción por los entrañables dromedarios: por todas partes y sirviendo de sustento económico de varias formas, les dan mil vueltas a los camellos y a los caballos, tanto por la elegancia como por el tamaño, contra todo pronóstico (todo hay que decirlo); y, para terminar, aunque bien me quedaría enumerar alguna más, por la belleza de sus mujeres, similar al mundo árabe en general pero con un toque mediterráneo que les da un punto a favor.

Pero eso sí, no se quedan atrás sus puntos negativos: conservadurismo amenazante, orgullo machista, pesadez comerciante, y acoso al turista. Así, con rima. Sin olvidar un pasotismo generalizado en cuanto al sector servicios. Y una lentitud que, combinada con alguna actitud chulesca, puede llevar a la locura, a la que bien ayuda el excesivo calor. Y más a las tres de la tarde en una jodida montaña en mitad del puto desierto (pero eso le concierne al ya vituperado viaje organizado, cuyos organizadores no deben de conocer que nosotros conocemos Los Monegros).

En fin, a modo de resumen: me he traído de allí una capa-túnica parecida a la que empleó Ben Kenobi en su lucha contra Darth Vader, ya que muchas escenas de Tatooine se rodaron en las tierras en las que estado. Bueno, no es un resumen, pero tenía que decirlo.

Y ahora, ¡oh anticlimax! vuelvo al sedentarismo vacacional de Zaragoza. Donde el calor no es muy distinto, y el cierzo lo empeora.

Segunda de tres partes de un sentimiento global conocido como “Jet Lag vacacional“, porque los horarios cambian por completo, salvo para los que curran.

2 julio 2009

Un nuevo amanecer

Archivado en: Literatura — Etiquetas: , , — Adrián Gómez @ 01:03

Diario exagerado de un joven de vacaciones
Parte I: Introducción

Según parece, he sobrevivido. Está la puerta abierta de mi balcón, y una delicada brisa nocturna, a medias calurosa, a medias refrescante, entra hasta mi habitación. La noche acaba de empezar. Lo único que enturbia ligeramente el ambiente es el buffet libre que han montado los insectos con mi fluorescente del escritorio. Y no puedo apagarlo porque me dejaría los ojos con el ordenador.

He terminado, de malas maneras, rebajando el porcentaje de aprobar hasta un peligroso 50%, un examen de Empresa de Comunicación que nada tenía que ver con su predecesor de febrero. Pero en fin, alea jacta est, y como dice Rafiki: “Está en el pasado“. Ahora lo que me importa es la próxima película que voy a disfrutar: Arizona Baby. Necesito un poco de la magia de los Coen, y creo que esa magnífica road movie es lo que necesito.

Mañana tengo que madrugar, pero da igual. Todo da igual cuando la próxima vez que vas a coger un jodido bloque de apuntes será allá cuando la Virgen del Pilar cumpla años. Sin embargo, y con toda la sinceridad que los dioses me han concedido, les deseo más suerte de la que yo he tenido a mis compañeros de segunda, tercera y cuarta convocatoria. Y ahora, a darle al play.

Primera de tres partes de un sentimiento global conocido como “Jet Lag vacacional“, porque los horarios cambian por completo, salvo para los que curran.

2 abril 2009

Texto para reflexionar: “Como cabezazos contra un muro”

Archivado en: Literatura — Etiquetas: , — Adrián Gómez @ 16:15

Me hicieron buscar hace unos días un texto por Internet que hiciese reflexionar contra el uso abusivo de las drogas en la adolescencia. Busqué y lo único que encontré fueron panfletos que no sirven para una mierda. Así que elaboré mi propio texto. Media hora después descubrí que me había salido esta bizarría:

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